Todos hemos tenido esas charlas curiosas con nuestros hijos, esas en las que les preguntas: “¿Y si te dieran tres deseos, qué pedirías?” Es una conversación que a menudo comienza con respuestas divertidas o fantasiosas, pero que a veces revela ideas más profundas sobre cómo perciben el mundo. Pues, en una de estas conversaciones, mi hijo soltó algo que me dejó pensando: “Yo pediría tener la razón”. Me sorprendió. ¿De dónde habrá sacado esa idea?
Al principio pensé que era solo una respuesta ingeniosa, pero cuando le pregunté por qué elegiría algo como “tener la razón”, su razonamiento me sorprendió aún más. “Pues imagínate, si tengo la razón, entonces podría pedir lo que quiera”. Y lo que pidió después fue aún más revelador: “Quiero diez mil deseos más”.
El Deseo de Tener Siempre la Razón: ¿Un Anhelo de Control?
Pedir siempre tener la razón no es algo que solemos asociar con los deseos clásicos como riqueza, fama o incluso la inmortalidad. Pero, si lo pensamos bien, tener la razón es un deseo que, aunque sencillo, esconde un anhelo de control sobre la realidad. Si siempre tienes la razón, entonces el mundo se adapta a ti, no al revés. En el caso de mi hijo, su razonamiento fue sencillo pero brillante: “Si siempre tengo la razón, entonces puedo pedir lo que quiera, incluso más deseos”.
Esto nos lleva a reflexionar sobre cómo los niños perciben el poder y la capacidad de influir en su entorno. Desde pequeños, los niños están constantemente buscando maneras de entender el mundo y, a veces, eso incluye tratar de controlar o cambiar lo que les rodea. Es por esto que el deseo de tener siempre la razón puede interpretarse como un anhelo de seguridad y certeza en un mundo que a menudo les resulta caótico o impredecible.
La Lógica Infantil y la Magia de los Deseos
Lo fascinante de estas conversaciones con los hijos es cómo sus mentes construyen lógicas propias que, desde un punto de vista adulto, pueden parecer divertidas o incluso absurdas, pero que en realidad reflejan una creatividad y pensamiento crítico muy valiosos. En este caso, mi hijo había encontrado una especie de «laguna» en la lógica de los deseos: si puedes tener lo que quieras, entonces ¿por qué no simplemente pedir la capacidad de tener siempre la razón?
Este tipo de razonamiento no es tan diferente al que muchos adultos usan en el día a día. A menudo buscamos soluciones rápidas o formas de hacer que las cosas se ajusten a nuestros deseos, en lugar de adaptarnos nosotros a la realidad. En este sentido, la reflexión de mi hijo puede ser vista como una metáfora de cómo todos, en algún momento, buscamos maneras de tener el control de las situaciones, a veces sin darnos cuenta de las consecuencias.
El Poder del Diálogo con los Hijos
Una de las mayores lecciones que podemos extraer de esta pequeña anécdota es la importancia del diálogo con los hijos. Preguntarles cosas aparentemente sencillas como «¿qué pedirías si tuvieras tres deseos?» puede abrir la puerta a conversaciones más profundas sobre sus valores, miedos y aspiraciones. En este caso, mi hijo expresó una idea que, aunque inicialmente parecía trivial, reflejaba una necesidad muy humana de controlar el entorno y asegurarse de que las cosas salgan como él quiere.
Es en estas conversaciones donde los padres podemos conocer mejor a nuestros hijos y ayudarles a reflexionar sobre el poder de sus deseos y lo que realmente significa “tener la razón”. Porque, al final, ¿es realmente tan importante tener siempre la razón? ¿O es más valioso aprender a navegar por la incertidumbre y adaptarse a lo que venga?
Reflexionando sobre los Deseos: ¿Qué Pedirías Tú?
Este tipo de ejercicios con los hijos también nos invitan a reflexionar sobre nuestros propios deseos como adultos. Si tuvieras tres deseos, ¿qué pedirías? A menudo, los adultos nos centramos en cosas materiales o tangibles, como dinero, salud o éxito. Pero, ¿cuántas veces nos detenemos a pensar en deseos más abstractos, como el poder de tener la razón o la capacidad de adaptarse a cualquier situación?
Los niños, en su inocencia, a veces nos recuerdan que los deseos no tienen por qué seguir la lógica adulta. Nos enseñan a pensar fuera de lo convencional, a explorar ideas más abstractas y, sobre todo, a recordar que el juego del deseo también es una forma de entender mejor el mundo y nuestras propias necesidades.
El Valor de los Pequeños Momentos
Al final del día, esta conversación con mi hijo sobre tener la razón y los deseos infinitos no es solo una anécdota divertida. Es un recordatorio de que los pequeños momentos de diálogo con los hijos pueden ofrecernos valiosas lecciones sobre cómo ven el mundo y qué es lo que valoran. Además, nos invita a nosotros, como padres, a participar activamente en sus procesos de pensamiento y aprendizaje, ayudándoles a crecer no solo en conocimientos, sino también en su capacidad para reflexionar sobre la vida.
Así que, la próxima vez que tengas una conversación de este tipo con tu hijo, escucha atentamente. Quizás te sorprendas al descubrir que, detrás de una respuesta aparentemente simple, hay una profunda reflexión sobre el mundo, el poder y los deseos.